21 ago 2016

Sombras. Capítulo 4.

Julia volvió a sacar la cajita amarilla de su bolso apresuradamente. También sacó el pequeño cronómetro de oro, el cuál le avisaba cuando tenía que tomarse las pastillas. Sujetó estos objetos, cada uno en una mano, haciendo como una pequeña balanza.
Era increíble. No comprendía lo que había pasado. ¿Dónde podría encontrar información? En el mundo real nadie le daría la información sobre los distintos mundos. A decir verdad, tampoco la iban a creer si les decía que había otro mundo o que ella pertenecía a él. ¿Y si no sólo había una sombra? ¿Y si se repartían por todo el mundo? Sería una tragedia y todos entrarían en pánico. Julia era una guerrera y sabía qué hacer para matarlas, pero, ¿y la gente normal? Un solo mordisco de esas criaturas y se convertirían en uno de ellos o directamente morirían.
Si había alguien que podía explicarle todo era el sabio Kuma. Se ocultaba en la cueva de Ax, la cuál solo estaba abierta al amanecer. Después de que se oculte el sol, la cueva está tapada por una gran roca hasta el amanecer del siguiente día. Y esa cueva se encuentra en un lugar del inmenso bosque. Debía volver a entrar en su mundo, pero era imposible ya que la alarma no había sonado. Aunque no había tiempo que perder. Su mundo estaba en peligro y su otro mundo también. No perdía nada por intentarlo.
Abrió la cajita amarilla, con un sonido metálico. Sacó de ella una de esas pastillas blancas y se la tragó. Esperó con impaciencia a que sucediera algo, pero no pasó nada. Se volvió a tomar otra con ansia. No sucedió nada tampoco.
Así sucedió con cuatro pastillas pero, a punto de tomarse la quinta, Julia cayó desmayada en la moqueta del suelo.

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Despertó. Estaba de nuevo en su piso. Completamente normal. Con todo ordenado... Aunque ahora ya no estaba la sombra decapitada y seguía con su vestimenta de guerrera. Era extraño, se encontraba diferente pero todo parecía normal. Las cortinas tapaban las ventanas, aunque a través de ellas aún pasaba un poco de luz. La chica las abrió, extrañada y un poco atontada.
Era increíble. Allí se encontraba el bosque en el que se quedó la última vez. Ahora mismo estaba dentro de una casa en medio de ninguna parte. Veía la otra orilla del lago en el que había estado escapando de los seres. El agua estaba verdosa pero muy limpia. La gente del poblado y de ese mundo sí que sabe cómo respetar la naturaleza.
La chica salió nerviosa de su apartamento. El aire era como siempre, fresco y puro. Faltaban pocas horas para el amanecer y necesitaba encontrar la cueva. Pocas personas habían podido entrar, y otras muy pocas también habían logrado salir a tiempo, antes de que se tapase hasta el siguiente amanecer.
Aún era de noche pero no tardaría mucho en hacerse de día. Necesitaba encontrar la entrada y volver de día al corazón del bosque para encontrarse con Jack. Y eso era otra, no paraba de pensar en si estaría bien o le habrían atrapado. Eso era casi imposible, sabe luchar muy bien y cómo defenderse. A parte también es duro como una roca y nunca se habría dejado atrapar por semejantes criaturas, y menos si contaba con una fuerte armadura como la que llevaba. Pero era inevitable que Julia no dejase pensar en él. Y en toda la discusión que habían tenido nada más despertar. Quizá si no hubieran discutido, ninguno de los dos mundos estaría en peligro. Quizá si nunca se hubiera ido de allí, Stela aún estaría a salvo.
La chica no paraba de echarse la culpa a medida que avanzaba entre los árboles. Pero si seguía a ese paso nunca podría encontrar la cueva, nunca podría salvar su mundo y tampoco podría salvar a Stela.

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