13 ago 2016

Pople don't say. Capítulo 2

Voy a paso ligero por el largo pasillo. Después de esa conversación, sí que me ha entrado hambre.
Las dos puertas marrones están frente a mí. (Qué mierda habrá esta vez...) Las abro, con la mano derecha en la puerta derecha, al igual que con la mano izquierda en la puerta izquierda.
Ahí están todos, haciendo ese ruido abrumador que te da dolor de cabeza. Cada persona habla de lo que se le viene a la mente. Eso es lo bueno al estar un poco loco, no te preocupas por lo que pensarán los demás de tu comentario. Lo dices y ya está.

- ¡Nadia, siéntate aquí!- Gritó Diana desde la otra punta del comedor.

Yo me limito a sonreír y a dirigirme hacia ella. Cuando ya me encuentro allí, Diana se levanta de un salto y me da un abrazo tan fuerte que no puedo respirar.
Ella es una mujer de unos cincuenta años. Es una mujer alegre y muy divertida. También es muy sincera, eso a veces es un problema. En guardar secretos no es la mejor, pero me da pena ver cómo tratan de locos a las personas espontáneas y divertidas, cuando todos deberíamos ser así.

- ¡Cuánto tiempo, amiga mía!- Exclama Diana, sin bajar el tono.

- ¡Pero si nos vimos ayer!- Exclamo yo, soltando una carcajada.

- ¿Sí? ¡Cómo pasa el tiempo!- Dice Diana, riéndose fuertemente.

- ¡La verdad es que sí!- Digo yo, riéndome también.

- Te he cogido la comida- Explica mi amiga, sentándose de nuevo en la mesa.

- Pero... - Digo yo, sin que me dejase acabar la frase.

- Sabía que vendrías a comer, y no quería que gastases fuerzas yendo a coger una bandeja y aguantando esa cola, para luego tener que aguantar a Mina. Esa tía es un horror. Siempre lo he dicho, ¡y siempre lo diré! No cambiará nunca, esa tía no sabe cómo tratar a la gente. Cree que ella es la mejor, anda que... Y luego encima nos da esta asquerosa comida, ¡quiere ganarse la vida haciendo imposible la de los demás! El día que pueda le voy a...-Se queja Diana.

- Gracias de verdad. Y coincido contigo, esa tía es más asquerosa que la comida- La corto yo, riéndome a carcajadas.

- Exacto, querida- Aclara Diana, riéndose también- ¿Te han hecho pruebas?- Añade.

- No, y dudo mucho que me las hagan. ¿Y a ti?- Pregunto yo, borrando la sonrisa.

- ¡Ya van cuatro esta semana! Y lo mejor de todo es que dicen que no avanzo nada. Pero al menos yo no tengo peligro de acabar... Ya sabes... No como el pobre Max. Pobre chico... Es demasiado joven para tantas pruebas. Lo único que hacen es empeorarlo, ¿no crees?- Pregunta Diana, indignada.

- Coincido totalmente contigo. Él no se merece esto- Contesto yo, también bastante indignada.

- Todos los pacientes,  acudan a sus habitaciones de inmediato- Gritan por los altavoces del comedor.

- Ya nos están metiendo prisa... En fin, me ha gustado volver a hablar contigo, querida. Nos vemos- Se despide Diana mientras me da uno de sus fuertes abrazos.

- Lo mismo digo- Me despido yo.

Ando deprisa hacia mi habitación. Me apetece estar un rato con mis pensamientos.

El pasillo parece interminable, y veo cómo la gente se va hablando de sus cosas sin prisa ninguna. Hasta que al fin, llego a la puerta de mi habitación. El guardia sigue ahí, mirándome con mala cara. Yo también le miro mal, pero mi expresión cambia cuando oigo lo que me dice.

- Dentro de unos minutos vendrán para hacerte una prueba- Advirtió Wall con el ceño tan fruncido como siempre.

- ¿Qué? ¿Y eso por qué?- Pregunto yo, molesta.

- Yo te digo de lo que me informaron. Las dudas se las preguntas a ellos- Aclaró Wall.

Yo  no digo nada más, me limito a esperar a que me abra la puerta. Con un suspiro, el guardia abre la puerta y, casi al instante de entrar yo, la cierra de un portazo.
Me siento en la silla de madera que está cara a la pared. Me gusta pensar mirando a la pared porque no tengo con lo que distraerme. Sólo están las grietas de pintura en la pared blanca.
Pasan los minutos y unos cuchicheos se oyen de repente. Yo me giro, como de costumbre, no hay nadie. Solo estoy yo, aunque los cuchicheos siguen.

- ¿Queréis parar ya?- Pregunto yo, aún de cara a la pared.

Los cuchicheos y susurros siguen, sin intención de parar. Cada vez se oyen más alto.

- ¡Que paréis!- Exclamo, muy molesta.

Los ruidos siguen sin parar, y esta vez los oigo en mi oído. Yo me levanto y giro la silla, esta vez el respaldo está en la pared.

- No me arrepiento, ¡no me arrepiento!- Exclamo yo, con la respiración acelerada.

Los ruidos siguen, pero esta vez son gritos y chillidos en mi oreja.

- ¡Dejadme en paz! ¡No me arrepiento de nada! ¡Dejadme! ¡Dejadme!- Grito yo, tapándome los oídos.
De repente, los gritos paran. Y mi respiración vuelve a ser normal. Ahora el silencio pesa en el ambiente. En la calma más absoluta, un tirón de pelo me hace caer al suelo.

- No podéis conmigo... ¡Estáis muer...!- Exclamé yo, sin poder acabar la frase. Estaba en el suelo cuando de pronto, abrieron la puerta.

- ¿Nadia Kwimbell?- Preguntó una señora de mediana edad.

- Soy yo- Contesto mientras me levanto del suelo.

- Acompáñeme- Ordenó la señora mientras salía de la habitación.

Yo la sigo, sin dejar de mirar mi habitación completamente vacía, viendo cómo me alejaba de ella.

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