11 ago 2016

Difícil de olvidar. Capítulo 1

Iba preciosa con su sudadera negra. Su precioso pelo largo y pelirrojo. Con sus superstars nuevas que tanta ilusión le habían hecho. Y sobre todo sus enormes ojos color verde, los mismos que no podía evitar mirar a todas horas. Recuerdo ese día, cuando la conocí. Yo no estaba hecho para el amor, era el típico chico que todos creían que iba de flor en flor. Un rompe-corazones. La verdad es que tenían motivos para creerlo. Pero, ese día, el día en que la vi... No quise estar con nadie más.

- ¡Eh, parguela, pasa el balón!- Me gritó Rodrigo desde la otra punta del campo.

- ¡Ven a por él, que eres un mierdas!- Contesté yo, con tono de burla.

- ¡Vas a lamentar haber nacido, parguel!- Siguió gritando Rodrigo, corriendo hacia mí.

- ¿Sí? ¡Atrévete, y te meto!- Grité yo, amenazante.

- ¡Tú no metes ni un gol, porque eres un manta!- Gritó mi amigo, ya delante mía y riéndose.

- ¡Ríete de esto, pringao!- Acto seguido le tiré el balón y le dí en la cabeza.

Del golpe, mi amigo cayó al suelo, aún riéndose.

- Tienes suerte de que el entrenador me haya dejao seco. Si no, te partía la cara, eh.- Dijo Rodrigo, aún recuperando el aliento.

- Claro, claro... ¡Qué excusa más mala, chaval!- Y me tiré junto a él, riéndome también.

- ¿Excusa? ¡Pero si eres un débil! Contigo puede hasta mi hermana pequeña.- Se burló Rodrigo.

- ¿Sí? ¿Quieres comprobar si soy un débil, eh, mierda seca?- Dije, enderezándome.

- ¡Te he dicho que estoy cansao, moti!- Respondió, enderezándose también.

- Que pares ya con la excusa, tío. No cuela.- Me burlé.

- ¡Te voy a meter tal guantazo...!- No pudo acabar la frase. Se quedó petrificado al darse la vuelta hacia un banco.

- Tío, ¿qué haces?- Pregunté extrañado, mirando también aquél banco.

- ¿Enserio me lo preguntas?- Dijo, sin apartar la mirada.

- Pues sí. Es que pareces retrasado tío.- Respondí, soltando una pequeña carcajada.

- ¿Tú estas mal? ¡Hay unos pivones sentados justo delante de nosotros!- Exclamó, girándose hacia mí, indignado.

- ¿Esas chicas? Sí, bueno...- Dije con un tono tranquilo mientras me volvía a tumbar en la hierba.

- A veces pienso que eres retrasado. ¿Te vas a quedar ahí tumbado en vez de hablar con ellas?- Preguntó, más indignado aún.

- Pues... Eso creo.- Afirmé. Acto seguido, me acomodé aún más en el suelo.

- ¡Pero a ti qué te pasa! No me seas imbécil, tío. Vamos a conocerlas.- Ordenó Rodrigo. Me cogió del brazo y me arrastró con él.

Rodrigo siempre había ido detrás de las chicas. Desde que le conozco. El problema es que las chicas... Bueno, digamos que no es su prototipo de chico.
Había dos chicas. Una con el pelo castaño, ojos azules y bastante delgada. Llevaba gafas gruesas y negras, no le quedaban nada mal, he de admitirlo. Sin embargo la otra, era pelirroja con el pelo largo, ojos verdes y un poco menos flaca que la otra.
La verdad es que me llamaba la atención. Era bastante guapa y... Bueno, estaba bastante buena. Eso también debo admitirlo. Había tenido una actitud pasota ante mi amigo, (actitud que nunca tengo ante las chicas.) Pero esta vez era diferente... Quería conocerla, y muy bien. Pero creo que ella era la única chica con la que me daba vergüenza hablar...

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