Es una señora elegante, con pelo castaño y algunas arrugas típicas de su edad. Lleva una chaqueta de terciopelo granate, a juego con la falda del mismo color. Una blusa blanca, unas medias transparentes negras y unos zapatos de tacón negros también.
Yo la sigo con paso acelerado por el largo pasillo hasta llegar a la escalera. Ahí, la señora se para y empieza a mirar los papeles que lleva en su enorme carpeta amarilla, mientras murmura algo. Al terminar de rebuscar entre los papeles, comienza a subir los escalones. Lleva una velocidad considerable, a pesar de que lleva tacones. Al final de las escaleras, se ajusta la falda tirando de ella hacia abajo y prosigue andando. En pocos segundos llegamos a la puerta del final del pasillo. Ella saca una llave de la carpeta y la mete en la cerradura del pomo. Abre la puerta y entramos en la habitación. Es una habitación de color blanco, con una enorme ventana en el frente, y persianas marrones. En el centro, hay una mesa de madera con una lamparita y un portátil. Y en ambos lados hay una silla. La señora se sienta al otro lado de la mesa mientras dice.
- Cierra la puerta y toma asiento, querida- Ordena la señora.
Yo, sin decir una palabra, hago lo que me dice. Cierro la puerta sin hacer mucho ruido y me siento en la silla, de cara a la ventana.
La señora enciende el portátil y se pone las gafas. Segundos después, empieza a murmurar.
- Nadia... Nadia... Aquí estás- Dice mientras da clic con el ratón.- Bien, soy la doctora Brownel, Sarah Brownel, encantada de conocerte.
Yo no digo ninguna palabra, me limito a mirarla fijamente.
- Es tu primera prueba, ¿cierto?- Deduce la doctora.
- Sí- Afirmo yo, tajante.
- No quiero que te sientas incómoda, esto es simplemente para ver cómo vas- Aclara Sarah.
- Voy perfectamente- Contesto, sin dejar de mirarla.
- Sé que no te gusta estar aquí- Dice Sarah. Hace una pausa de unos segundos y añade- Pero debemos ayudarte.
- No necesito ayuda- Digo completamente seria.
- Que estés aquí no quiere decir que estés loca, ¿sabes?- Aclara la doctora, mirándome también- Desde que te vi por aquí, me pareciste de lo más interesante. Quise saber más de ti, conocerte. Pero nunca pude hablar contigo, hasta ahora- Añade, inspirada.
- Qué quiere saber- Pregunto yo, sin cambiar la expresión.
- Háblame de tu pasado, de dónde vienes... Cuéntame tu historia, querida- Dice Sarah, con ojos brillantes tras las gafas.
- Es complicado...- Advierto, con la mirada baja.
- El mundo es complicado, Nadia. Empieza- Ordena Sarah, con las manos en el teclado.
- Yo... Soy de Tenessee, Texas. Allí es básicamente donde me crié. Yo iba al colegio, como todos los niños. Nunca... Nunca había tenido muchos amigos. Siempre estaba sola y... Los niños se reían... Los niños son crueles. Llegué al instituto, y... Las cosas no cambiaron. Todo el mundo se metía conmigo y... -Hago una pausa de unos segundos, a continuación, prosigo- Me hacían la vida imposible, metiéndose con mi peso... Me llegaban notas insultándome y amenazándome. Eso... Eso hizo que cayera en la anorexia. Estuve con anorexia hasta tercero de la ESO, ahí, al fin encontré al chico que me hacía sentirme... Bien conmigo misma. Y... Empecé a coger peso de nuevo. Las cosas se fueron a la mierda y él cortó conmigo... Cogí una depresión tan grande que empecé a comer hasta engordar cinco kilos. Días después, el mismo chico empezó a hacerme la vida imposible, como habían hecho años atrás. No tenía suficiente con el acoso que mis padres se divorciaron. Desde ese día, mi padre le hizo la vida imposible a mi madre. La amenazaba de muerte, la seguía... Una vez incluso se metió en nuestra casa para intentar matarla... Eso acabó de destrozarme la vida, y, no quiero causarla miedo ni que piense que estoy chiflada de verdad, pero... Con los años, conocí a más hombres. Hombres con los que me casé y luego me divorcié. El destrozo que hicieron los hombres en mi vida fue tan grande... Que no siento compasión con ninguno de ellos. Yo... Yo les maté y... Desde entonces, me persiguen. Oigo sus voces... Quieren matarme, quieren que me arrepienta de todo. Pero... No, no me arrepiento de nada. Ellos fueron los que me quitaron la infancia y mi propia vida- Explico con los ojos vidriosos y un hilo de voz.
- ¿Cómo acabaste aquí? ¿Te pillaron?- Pregunta, un poco asustada la doctora.
- No... No. Tuve compasión, por una vez, dejé vivir. Pero me traicionó. Os llamó y... Me metieron aquí. No sabes cuánta rabia llevo aquí dentro doctora... No quiero que llame a la policía, ni que se asuste ni... Ni que me vea como una chiflada. Yo... Ni siquiera quiero que me ayude, doctora. Lo único que quiero es salir de aquí porque... Porque aquí voy a acabar volviéndome loca de verdad doctora... Sólo quiero salir- Digo nerviosa, aún con ojos vidriosos.
- Necesito... Recapacitar sobre lo que me has contado y... Vaya, no me equivocaba al pensar que tenías una historia interesante... Eh... Puedes irte querida...- Dice Sarah, quitándose las gafas y cerrando el portátil.
- Gracias... Creo... Creo que necesitaba soltarlo todo...- Hago una pausa de unos segundos y prosigo- Por favor, no llame a la policía ni... Ni me vea como a una loca. Sólo hice eso porque...
- No hace falta que me des explicaciones, Nadia. No tienes la culpa de que la gente sea cruel, descuida- Dice la doctora, con una sonrisa cálida.
- Muchísimas gracias de verdad- Agradezco limpiándome las lágrimas y levantándome de la silla.
Acto seguido, salgo por la puerta y la cierro, de nuevo, intentando no hacer ruido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario