Ya llevaban andando unos minutos. Todo estaba desierto, el silencio reinaba entre ellos. Era un silencio incómodo, de esos que pesan en el ambiente. Solo estaban acompañados del sonido de los pasos acelerados de Jack, y los pasos un poco más calmados de Julia.
Al fin, la chica decidió romper el hielo.
- ¿Llegaremos antes de que anochezca?- Preguntó Julia, con la respiración acelerada.
- Por qué lo preguntas.- Respondió tajante Jack.
- Porque es lógico que si se hace de noche será más difícil localizar a las sombras.- Contestó Julia, totalmente seria.
- No me preocupa.- Respondió Jack, tan tajante como antes.
- Ya, pues a mí sí. Así no podremos encontrar a Stela.- Dijo Julia, preocupada.
Segundos después, Jack se paró bruscamente, haciendo que Julia se parase también casi al instante.
- ¿Por qué te paras?- Preguntó Julia, bastante extrañada.
- Silencio.- Ordenó Jack, con un hilo de voz y sin mover ni un músculo.
- ¿Qué? ¿Por qu...?- Dijo Julia, sin acabar la pregunta.
Unos gritos, o más bien chillidos escalofriantes, retumbaron en el valle de verde hierba. No se sabría explicar con exactitud cómo eran, pero el ser que lo emitía, no debía ser ni un humano, ni un animal. Tenía que tratarse de una sombra.
Las sombras son seres oscuros, parecidos a los muertos vivientes. Pero con la diferencia de que las sombras nunca han estado vivas.
- Sólo hay una. No hay peligro.- Dijo Julia, también con un hilo de voz y sin moverse.
- Las sombras siempre van juntas. Es imposible que esté sola.- Aclaró Jack, con el ceño fruncido.
- Pero, ¿dónde está?- Preguntó la chica, nerviosa.
- Donde más oscuridad hay. En el bosque.- Respondió Jack, sin dejar de fruncir el ceño.- Tenemos que andarnos con mucho ojo. No bajes nunca la guardia.
- Sé lo que hay que hacer. Por si lo has olvidado, yo también soy soldado.- Dijo Julia, un tanto molesta.
- Un soldado nunca se va.- Le reprochó el hombre.
- Un soldado apoya a sus compañeros, en todas las decisiones que tomen.- Le reprochó también la chica.
- Un soldado es leal a su poblado.- Dijo Jack, subiendo un poco el tono.
- Un soldado no le tiene rencor a sus compañeros.- Dijo Julia, subiendo también el tono de voz.
- ¡Un soldado siempre está ahí para defender a su pueblo!- Gritó Jack, girándose hacia Julia.
- ¡Un soldado también debe saber ser un buen amigo!- Gritó Julia, mirándole a los ojos.
De nuevo, un chillido se oyó en la espesura del bosque. Esta vez, no era uno sólo y se oía más cerca. Ambos se quedaron petrificados, oyendo la cantidad de pasos y chillidos que se acercaban a ellos.
- Cuando diga que corras, tu te irás a la izquierda. No mires atrás. Encuentra un lugar seguro y nos vemos en el centro del bosque cuando salga el sol.- Explicó Jack, con la respiración acelerada, sin dejar de mirar a la negrura del bosque y dándole a Julia una pesada espada.
- Pero y... - Comentó Julia, sin poder acabar la frase.
Entonces se hizo el silencio. Ya no se oían ni pasos ni chillidos. Ni siquiera un minúsculo insecto.
De repente se oyó el sonido de una rama rompiéndose. Y segundos después, el silencio se desvaneció.
- ¡Corre!- Gritó Jack empujando a Julia hacia el lado izquierdo. Acto seguido, salió corriendo hacia el lado derecho. Desapareciendo en la negrura de la noche.
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