Las ramas húmedas se clavaban y rasgaban la piel de la joven. Pero nada la impedía el paso para salvar su vida. De la copa de los enormes árboles seguían saliendo esos horribles monstruos, que gritaban con su espeluznante voz, inundando todo el bosque.
Julia no paraba de mirar por todas partes. Era difícil ver entre la oscuridad y el miedo, corriendo como no había corrido antes. Pero no perdía la esperanza de encontrar su salvación. Un refugio o un lugar seguro para curar sus heridas y pasar la noche.
Tras unos minutos corriendo entre los árboles, el sonido de agua llegó a los oídos de Julia. Eso sólo podía significar una cosa, un río estaba cerca.
Esa idea agrandó más la esperanza de salvación de la chica, así que corrió con todas sus fuerzas, para llegar al agua lo antes posible.
Allí, se abría entre los árboles un inmenso río. Sin pensárselo dos veces, se lanzó al agua y se sumergió.
Todas las heridas de su piel comenzaron a escocer, pero no era momento de preocuparse por eso. Mientras nadaba hacia la otra orilla, giró la cabeza, comprobando que no la seguían. Y efectivamente, estaban parados al otro lado, mirándola fijamente y segundos después, se marcharon.
Ya en tierra firme, Julia se tumbó en el suelo, con la respiración aún acelerada y la espada en las manos.
Mientras miraba el cielo oscuro, los párpados la empezaron a pesar, sus ojos empezaron a cerrarse. Hasta que al final, quedó en un sueño profundo.
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Despertó sobresaltada. Estaba de nuevo en su sofá de cuero marrón. Estaba totalmente mojada.
- ¿Qué? ¡Estoy empapada! Y... ¡No puede ser! ¡La espada no debería estar aquí!- Exclamó Julia, con la piel pálida.
Corrió a su dormitorio y una vez allí, se miró en el gran espejo de su armario.
- ¡La ropa no debería tenerla aquí!- Exclamó de nuevo Julia, aún más pálida.
En la tranquilidad del piso, un ruido de un vaso cayéndose, rompió el silencio. Eso hizo que Julia corriera hacia la cocina, con la espada en la mano, asustada.
Se asomó por el marco de la puerta sigilosamente. Recorrió toda la cocina con la mirada. No parecía haber nada, todo estaba vacío, completamente. Cuando, de repente, un chillido aterrador apareció en la espalda de la chica, causándole tal susto que atacó con la espada, sin ver de lo que se trataba. El grito era digno de una sombra. Y era evidente, ya que lo que estaba decapitado en su salón se trataba del asqueroso ser.
- ¡Eso sí que no tiene que estar aquí!- Gritó la joven, soltando la espada y con las manos temblorosas.
No comprendía lo que pasaba, pero de lo que estaba segura es de que ya ningún lugar era un lugar seguro.
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