25 ago 2016

Difícil de olvidar. Capítulo 4.

Ya era la segunda vez que Rodrigo me pedía esos estúpidos favores para estar toda la tarde con Marta. ¿Es que no se daba cuenta de que me molestaba? Y en cuanto a Rocío... No había vuelto a saber de ella. Pero eso no significaba que la hubiera olvidado. ¡Ni de broma!
Siempre que recibía mensajes de whatsapp esperaba que fuera ella, hablándome porque Rodrigo le había dado mi número. Pero no, todos los mensajes eran de grupos de clase y chorradas que me escribía Rodrigo.
Mi amigo había cambiado mucho. Desde que estaba con esa chica, ya no tenía tiempo para nada. Siempre que le decía de quedar, había quedado con ella, estaba hablando con ella o estaba pensando en ella. Rodrigo enamorado... Qué sorpresa. Ya no le conocía, se había vuelto más serio y romántico... Había dejado de estar loco. ¡Intolerable! Ya no nos insultábamos ni jugábamos al fútbol. Es más, ya ni asistía a los entrenamientos, y a penas hablábamos. Sólo me escribía para pedirme que inventase una excusa para el entrenador. Y yo aceptaba hacerlo, no podía decirle que no, era mi mejor amigo.

Aquella mañana era tranquila en el instituto. Se notaba que en segundo de la ESO la gente era mucho más "tranquila". Yo como siempre iba solo. Al entrar en el recinto, todo era como siempre. Unos cuantos chicos de primero de la ESO hablando en un corrillo, varias chicas de cuarto, Jade y White ( lo de white era un apodo, en realidad se llamaba Tómas, pero siempre vestía de blanco), a un lado estaba el corrillo de chicas y al lado opuesto el de los chicos, (mi corrillo).
Pero era raro, Rodrigo no estaba allí. Y eso que siempre estaba hablando con Sebas. Yo me abrí paso entre la multitud y saludé con una palmadita en el hombro a Ian, que estaba riéndose como un loco con Sam. Aunque paró de reírse en cuanto me vio, y me devolvió la palmada.

- ¡Qué pasa Vector!- Exclamó alargando la R y con alegría. Siempre me llamaba así, según él era porque me pegaba más.

- ¡Hombre, Iano!- Exclamé yo también, haciéndome el sorprendido.

Ambos soltamos unas carcajadas.

- Eres un capullo Vec- Me dijo Ian, con una sonrisa en la cara.

- ¿Lo dudabas?- Pregunté retóricamente, también con una sonrisa.

Segundos después, sonó la campana que advertía que era hora de ir a clase. Yo fui junto a mis amigos, que seguían hablando y riendo como locos.
Ya estaba subiendo las escaleras cuando una mano tocó mi hombro. Yo me giré bruscamente, y al girarme, pude apreciar que se trataba de June, una amiga que conozco desde infantil.

- ¡Espérame, Viti!- Exclamó la chica rubia con una sonrisa y tono de burla. Me llamaba así desde pequeño, era un mote cariñoso, nunca le puse pegas porque queda muy dulce cuando me lo decía.

Yo como me había dicho, me paré en medio de la escalera, esperándola. Cuando al fin pudo alcanzarme abriéndose paso entre la gente, continuamos subiendo en paralelo.

- ¿Qué tal el fin de semana?- Preguntó mientras me daba un pequeño puñetazo en el brazo.

- Bien bueno... ¿Y el tuyo?- Pregunté yo, con la mirada baja.

- ¡Muy bien! ¿Por qué, bien bueno? ¡Sabes que me lo debes contar todo!- Exclamó June, alborotándome el pelo.

- ¿Por qué intuyes que es algo malo..?- Pregunté, con la ceja alzada y una sonrisa pilla.

- ¡Venga ya! Te conozco desde los tres años, ¿de verdad me lo preguntas?- Preguntó indignada. Hizo una pausa y apoyó su brazo en mi mochila. Después, añadió- Empieza a hablar Viti.

- Está bien...- Dije yo, con la esperanza de que viniera el profesor lo antes posible.

Un golpe de suerte, el profesor de historia entró por la puerta y todos los alumnos fueron corriendo a sus sitios. Aunque June, antes de irse, me dijo en voz baja algo así como: "Ya te lo sacaré", con una sonrisa pilla y con toque malvado.

Al instante, los dos salimos corriendo a nuestro sitio.

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