26 ago 2016

Sombras, ¿suspendida?

Hola a todos! He estado pensando y recapacitando en el desarrollo de la historia "Sombras", y he llegado a la conclusión de que no está yendo como yo pensaba. Quería dar un toque de suspense, aventura y amor... Pero está siendo imposible. Sé que a muchos os gusta la historia y que la apoyáis, pero hay un porcentaje más grande que no le gusta y no le da su apoyo. Así que he pensado en suspenderla, (no para siempre, sólo hasta que decida continuarla, y a lo mejor con unos cambios). Va a estar temporalmente cancelada. Pero no os preocupéis, porque no va a quedar así. Dos historias son muy pocas, lo sé, por eso quiero vuestra ayuda. Desde que empecé con el blog, he querido que también me dierais opiniones y que colaboréis en esto, por lo tanto, podéis darme ideas sobre la nueva historia que queréis leer aquí.
Me tendréis que mandar un mensaje por correo. Sólo tenéis que crearos una cuenta y ya podéis escribir como una especie de sinopsis de la historia que queréis. Y aunque no elija la vuestra, porque no puedo elegir todas, recordad que va a haber más oportunidades de colaborar en el blog. Así que sólo quería deciros eso. Y puede incluso que haga una mezcla de varias historias, así que espero vuestras ideas porque sé que van a ser geniales. Os dejaré mi correo aquí abajo para que podáis mandarme vuestras historias. Nos vemos!

Correo del blog: Mrs.read@outlook.com

25 ago 2016

People don´t say. Capítulo 4.

Esas asquerosas voces... Van a acabar conmigo, y con mi salud mental.
Es extraño que Wall me pregunte por mi primera prueba... Es muy raro. Aunque yo sé que en el fondo no puede ser tan malo.
Me siento en la cama y miro a la nada, en silencio. Esperando a que suceda algo. Pero nada, ya no están las voces.

- ¡Vaya! ¿Ya os habéis cansado de arruinarme la vida?- Pregunto, alzando los brazos, indignada, hablándole a la pared. No oigo nada pero sé que están ahí. Escuchándome, en silencio, en la esquina más oscura de la habitación.

- Pues, ¿sabéis qué? ¡No tengo miedo! ¡ Y tú, Paul, sé que estás ahí! ¡Esperando a que me despiste para matarme! ¡Pues primero piénsalo! ¡Ya lo has intentado, Paul! ¿Y quién está muerto?- Pregunto retoricamente, mirando a la oscura esquina. Pasa a penas un segundo cuando algo golpea mi cara.
Yo tardo en reaccionar, y una sonrisa nerviosa se dibuja en mi cara.

- ¡Sabía que estabas ahí! ¡Lo sabía! ¡Por mucho daño que me hagas, sabes que no te tengo miedo, Paul! ¡Lo sabes!- Exclamo, arrastrándome hacia un rincón, donde me encojo mirando a la oscuridad. Algo me coge de los tobillos y me arrastra hacia el rincón oscuro, yo intento sujetarme a la pata de la cama.

- ¡Nunca me tendrás, Paul! ¡Nunca conseguirás que me arrepienta!- Grito yo, agarrada con todas mis fuerzas a la pata.
En el momento en que estoy a punto de ceder, Wall abre la puerta, sobresaltado.

- ¡Pero qué haces!- Exclama el guardia nada más abrir la puerta y verme tirada en el suelo, sujetándome a la cama.

- ¡Nunca me voy a arrepentir!- Grito, aún agarrada.

- ¡Levántate del suelo, ahor...!

Me suelto de la pata de la cama y me tumbo boca a abajo. No puedo retener las lágrimas, porque una sensación de bajón, se apodera de mí.

Wall me coge y me sienta en la cama, luego él se sienta a mi lado.

- ¿Qué ha pasado?- Pregunta Wall, asustado y con el ceño fruncido.

- Voy a morirme... - Digo entre sollozos y con la respiración entrecortada.

- Tienes un moratón enorme...¿Cómo te lo has hecho?- Pregunta el guarda extrañado.

- Me lo ha hecho él- Respondo tapándome el ojo morado y señalando al rincón oscuro.

- Vale...- Murmura Wall, pensando en lo que decir. Después, dice- Me has mentido en lo del baño, ¿verdad?

Yo me limito a asentir, con la mirada baja.

- Explícame todo lo que pasa, ahora- Ordena Wall.

Nunca se había preocupado por mí... Siempre le ha dado igual lo que me pasaba o las heridas que tenía. Estaba raro... Diferente.
¿Tendría algo que ver con la prueba?


Difícil de olvidar. Capítulo 4.

Ya era la segunda vez que Rodrigo me pedía esos estúpidos favores para estar toda la tarde con Marta. ¿Es que no se daba cuenta de que me molestaba? Y en cuanto a Rocío... No había vuelto a saber de ella. Pero eso no significaba que la hubiera olvidado. ¡Ni de broma!
Siempre que recibía mensajes de whatsapp esperaba que fuera ella, hablándome porque Rodrigo le había dado mi número. Pero no, todos los mensajes eran de grupos de clase y chorradas que me escribía Rodrigo.
Mi amigo había cambiado mucho. Desde que estaba con esa chica, ya no tenía tiempo para nada. Siempre que le decía de quedar, había quedado con ella, estaba hablando con ella o estaba pensando en ella. Rodrigo enamorado... Qué sorpresa. Ya no le conocía, se había vuelto más serio y romántico... Había dejado de estar loco. ¡Intolerable! Ya no nos insultábamos ni jugábamos al fútbol. Es más, ya ni asistía a los entrenamientos, y a penas hablábamos. Sólo me escribía para pedirme que inventase una excusa para el entrenador. Y yo aceptaba hacerlo, no podía decirle que no, era mi mejor amigo.

Aquella mañana era tranquila en el instituto. Se notaba que en segundo de la ESO la gente era mucho más "tranquila". Yo como siempre iba solo. Al entrar en el recinto, todo era como siempre. Unos cuantos chicos de primero de la ESO hablando en un corrillo, varias chicas de cuarto, Jade y White ( lo de white era un apodo, en realidad se llamaba Tómas, pero siempre vestía de blanco), a un lado estaba el corrillo de chicas y al lado opuesto el de los chicos, (mi corrillo).
Pero era raro, Rodrigo no estaba allí. Y eso que siempre estaba hablando con Sebas. Yo me abrí paso entre la multitud y saludé con una palmadita en el hombro a Ian, que estaba riéndose como un loco con Sam. Aunque paró de reírse en cuanto me vio, y me devolvió la palmada.

- ¡Qué pasa Vector!- Exclamó alargando la R y con alegría. Siempre me llamaba así, según él era porque me pegaba más.

- ¡Hombre, Iano!- Exclamé yo también, haciéndome el sorprendido.

Ambos soltamos unas carcajadas.

- Eres un capullo Vec- Me dijo Ian, con una sonrisa en la cara.

- ¿Lo dudabas?- Pregunté retóricamente, también con una sonrisa.

Segundos después, sonó la campana que advertía que era hora de ir a clase. Yo fui junto a mis amigos, que seguían hablando y riendo como locos.
Ya estaba subiendo las escaleras cuando una mano tocó mi hombro. Yo me giré bruscamente, y al girarme, pude apreciar que se trataba de June, una amiga que conozco desde infantil.

- ¡Espérame, Viti!- Exclamó la chica rubia con una sonrisa y tono de burla. Me llamaba así desde pequeño, era un mote cariñoso, nunca le puse pegas porque queda muy dulce cuando me lo decía.

Yo como me había dicho, me paré en medio de la escalera, esperándola. Cuando al fin pudo alcanzarme abriéndose paso entre la gente, continuamos subiendo en paralelo.

- ¿Qué tal el fin de semana?- Preguntó mientras me daba un pequeño puñetazo en el brazo.

- Bien bueno... ¿Y el tuyo?- Pregunté yo, con la mirada baja.

- ¡Muy bien! ¿Por qué, bien bueno? ¡Sabes que me lo debes contar todo!- Exclamó June, alborotándome el pelo.

- ¿Por qué intuyes que es algo malo..?- Pregunté, con la ceja alzada y una sonrisa pilla.

- ¡Venga ya! Te conozco desde los tres años, ¿de verdad me lo preguntas?- Preguntó indignada. Hizo una pausa y apoyó su brazo en mi mochila. Después, añadió- Empieza a hablar Viti.

- Está bien...- Dije yo, con la esperanza de que viniera el profesor lo antes posible.

Un golpe de suerte, el profesor de historia entró por la puerta y todos los alumnos fueron corriendo a sus sitios. Aunque June, antes de irse, me dijo en voz baja algo así como: "Ya te lo sacaré", con una sonrisa pilla y con toque malvado.

Al instante, los dos salimos corriendo a nuestro sitio.

Disculpas!

He estado inactiva durante estos días. Lo siento mucho. Y también siento el poco contenido que subo al blog, los días que me decido a escribir.
Es que he estado bastante ocupada con viajes, visitas a mi familia... Lo que tienen las vacaciones, ¿no?
No estoy escribiendo todo lo que me gustaría pero quería pedir disculpas, porque en un principio, dije que subiría al menos dos capítulos por día, y la verdad es que últimamente sólo subo uno.
No me he olvidado del blog, es más, todos los días pienso: "Tengo que escribir, tengo que escribir" Pero al día siguiente tengo que irme a otro sitio, en fin. No paso mucho tiempo dentro de casa. De la única forma que puedo escribir cuando estoy fuera es por mi móvil, pero lo tengo fatal y es muy difícil escribir desde él.
Así que perdonadme, de verdad, y para compensar estos días de inactividad y el poco contenido que subo, hoy subiré un capítulo de cada historia, y si tengo tiempo, tal vez suba dos de cada historia. Y si la inspiración me viene, escribiré alguna rima en una nueva sección que he hecho que creo que no ha muchas personas les gustan las rimas y el rap, pero para el poco porcentaje de esa gente a la que le gustan... Ha llegado su sección.
Así que ya sabéis, dejad algún comentario con vuestras opiniones y bueno, ¡hasta la próxima!

22 ago 2016

Podéis leerme en Wattpad.

¿Conocéis Wattpad? Es un sitio web donde tú eres libre de leer los libros de otros autores fácilmente. Al igual que tú puedes crear tu propio libro online y los demás usuarios podrán leerlo, opinar y votarlo.
Hay mucha variedad y basta con buscar en la barra de búsqueda el género que quieres o el título de alguna novela.
Y si lo que te gusta es escribir, puedes hacerlo. Sólo necesitas verificar tu cuenta, ponerte el nombre que quieras y listo. Puedes crear las historias que quieras con los capítulos que quieras y la portada que te dé la gana. También puedes escribir la descripción de tu propio libro o de ti, como usuario. Así los lectores te conocerán más.
Si lo que te preocupa es que te roben la novela o te copien, descuida, en las opciones de tu libro puedes poner copyright, para estar más seguro.
Bien, pues yo hace unos días estaba pensando en probarlo. En qué pasaría si escribía alguna historia... Tal vez a la gente le gustaría. Ya he puesto mi primer capítulo y debo admitirlo, pensé que sería más complejo. Así que ya sabéis, si queréis leerme también en Wattpad, sois libres de hacerlo. Y si queréis escribir vuestra propia historia, también podéis hacerlo. En Wattpad sois libres de crear y de mirar las creaciones. Así que nada, sólo quería que conocieseis esta plataforma y si ya la conocíais, animaros a probarla porque creedme, está genial.
Bueno, hasta la próxima.

Enlace de Wattpad: https://www.wattpad.com/getmobile

Podéis seguirme en Wattpad: MegaRa6

                                                Anímate  a crear tu propia historia.

21 ago 2016

Sombras. Capítulo 4.

Julia volvió a sacar la cajita amarilla de su bolso apresuradamente. También sacó el pequeño cronómetro de oro, el cuál le avisaba cuando tenía que tomarse las pastillas. Sujetó estos objetos, cada uno en una mano, haciendo como una pequeña balanza.
Era increíble. No comprendía lo que había pasado. ¿Dónde podría encontrar información? En el mundo real nadie le daría la información sobre los distintos mundos. A decir verdad, tampoco la iban a creer si les decía que había otro mundo o que ella pertenecía a él. ¿Y si no sólo había una sombra? ¿Y si se repartían por todo el mundo? Sería una tragedia y todos entrarían en pánico. Julia era una guerrera y sabía qué hacer para matarlas, pero, ¿y la gente normal? Un solo mordisco de esas criaturas y se convertirían en uno de ellos o directamente morirían.
Si había alguien que podía explicarle todo era el sabio Kuma. Se ocultaba en la cueva de Ax, la cuál solo estaba abierta al amanecer. Después de que se oculte el sol, la cueva está tapada por una gran roca hasta el amanecer del siguiente día. Y esa cueva se encuentra en un lugar del inmenso bosque. Debía volver a entrar en su mundo, pero era imposible ya que la alarma no había sonado. Aunque no había tiempo que perder. Su mundo estaba en peligro y su otro mundo también. No perdía nada por intentarlo.
Abrió la cajita amarilla, con un sonido metálico. Sacó de ella una de esas pastillas blancas y se la tragó. Esperó con impaciencia a que sucediera algo, pero no pasó nada. Se volvió a tomar otra con ansia. No sucedió nada tampoco.
Así sucedió con cuatro pastillas pero, a punto de tomarse la quinta, Julia cayó desmayada en la moqueta del suelo.

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Despertó. Estaba de nuevo en su piso. Completamente normal. Con todo ordenado... Aunque ahora ya no estaba la sombra decapitada y seguía con su vestimenta de guerrera. Era extraño, se encontraba diferente pero todo parecía normal. Las cortinas tapaban las ventanas, aunque a través de ellas aún pasaba un poco de luz. La chica las abrió, extrañada y un poco atontada.
Era increíble. Allí se encontraba el bosque en el que se quedó la última vez. Ahora mismo estaba dentro de una casa en medio de ninguna parte. Veía la otra orilla del lago en el que había estado escapando de los seres. El agua estaba verdosa pero muy limpia. La gente del poblado y de ese mundo sí que sabe cómo respetar la naturaleza.
La chica salió nerviosa de su apartamento. El aire era como siempre, fresco y puro. Faltaban pocas horas para el amanecer y necesitaba encontrar la cueva. Pocas personas habían podido entrar, y otras muy pocas también habían logrado salir a tiempo, antes de que se tapase hasta el siguiente amanecer.
Aún era de noche pero no tardaría mucho en hacerse de día. Necesitaba encontrar la entrada y volver de día al corazón del bosque para encontrarse con Jack. Y eso era otra, no paraba de pensar en si estaría bien o le habrían atrapado. Eso era casi imposible, sabe luchar muy bien y cómo defenderse. A parte también es duro como una roca y nunca se habría dejado atrapar por semejantes criaturas, y menos si contaba con una fuerte armadura como la que llevaba. Pero era inevitable que Julia no dejase pensar en él. Y en toda la discusión que habían tenido nada más despertar. Quizá si no hubieran discutido, ninguno de los dos mundos estaría en peligro. Quizá si nunca se hubiera ido de allí, Stela aún estaría a salvo.
La chica no paraba de echarse la culpa a medida que avanzaba entre los árboles. Pero si seguía a ese paso nunca podría encontrar la cueva, nunca podría salvar su mundo y tampoco podría salvar a Stela.

People don't say. Capítulo 4.

Voy a paso acelerado por el pasillo y como siempre, está muy solitario. Estoy bastante nerviosa, ¿estoy loca de verdad? Me han metido aquí por un capullo que sólo quería amargarme la vida. Todos son iguales. Todos me hacen daño.
Nada más bajar las escaleras veo mi puerta,  es raro ver que no está el guardia. Eso significa que voy a tener que esperar fuera hasta que vuelva. En el fondo es un buen tipo... Muy en el fondo.
Bueno, ya que no tengo nada que hacer iré al baño a lavarme la cara, creo que me despejaré.
Sigo andando en línea recta pero en medio del pasillo giro a la izquierda. A veces se me olvida dónde está el baño porque todas las puertas son iguales, así que abro la puerta con mucho cuidado, esperando acertar a la primera. Efectivamente, he acertado. Cierro la puerta con el mismo sigilo y voy por el pasillo de la derecha, hacia el baño de chicas.
Sigue tan oscuro como siempre. Con las paredes de azulejos color beige, el suelo de azulejos color café y una bombilla colgando de un cable en el techo que lleva fundida desde hace mucho tiempo.
Me pregunto cuándo la arreglarán, porque es difícil ver y daña mucho a la vista. Supongo que eso es lo que hace que se vea todo más lúgubre.
Me apoyo en el lavabo y me miro en el espejo, con la respiración un poco acelerada todavía. Segundos después abro el grifo, y un chorro de agua fría sale de él. Cojo un poco de agua con las manos y sumerjo mi cara en ellas. Así unas tres veces. Después, seco las manos en mi ropa y aprovechando la sequedad de mis manos, seco también mi cara con ellas, o al menos mis ojos.

En el silencio del baño, vuelven otra vez los cuchicheos. Yo trago saliva y me vuelvo a mirar en el espejo, intentando no escucharlas.
Pero las voces persisten.
Sigo mirándome a los ojos, mordiéndome los labios.
Ahora todo se hunde otra vez en el silencio, pero el espejo se empaña justo en mi cara, sin yo haber hecho nada. Segundos después, algo iba escribiendo en el cacho empañado con el dedo: "It is your fault" (Tú tienes la culpa). Lo miro, con los ojos vidriosos y la respiración acelerada de nuevo. El texto se empieza a borrar, dejando al espejo con la mancha empañada, pero acto seguido, vuelven a escribir lentamente: "Are you crazy?" (¿Estás loca?). Yo niego con la cabeza, frunciendo el ceño.
Se vuelve a borrar y escriben de nuevo: "Everyone is afraid" (Todo el mundo tiene miedo). Vuelvo a tragar saliva, apartándome lentamente del espejo. Lo borran y en su lugar, escriben: "But the people do not say" (Pero la gente no lo dice). De repente, la huella de una mano se estampa en el cristal. Es una mano grande, de un adulto. Hace un ruido fuerte y repentino que hace que mi corazón vaya más deprisa. Borran y escriben: "You are afraid?" (¿Tú tienes miedo?). Vuelvo a negar con la cabeza, pero esta vez más rápido y dando pasos hacia atrás, lentamente.
De nuevo, sólo queda la mancha en el espejo, mientras un dedo va escribiendo lentamente: "Well, you should" (Pues deberías). Casi al instante, la bombilla fundida estalla y miles de cristales caen al suelo. Yo corro hacia la puerta, pasando primero por el estrecho pasillo. Al llegar al pomo, lo giro con todas mis fuerzas, pero la puerta está cerrada, como era de imaginar. Golpeo la puerta, esperando que alguien oiga mis golpes.

- ¡Ayuda, ayuda! ¡Que alguien me ayude!- Grito desconsolada desde el otro lado de la puerta.

Sin dejar de aporrear la puerta giro la cabeza hacia el oscuro pasillo, cuando de pronto, una mano me agarra del tobillo, haciéndome caer al suelo. Acto seguido me arrastran hacia la oscuridad del baño, pero yo aguanto agarrada a la esquina de la pared.

- ¡Socorro, sacadme de aquí!- Sigo gritando, dejándome la voz.

Mis brazos comenzaron a perder la fuerza y mis manos empezaron a soltarse de la esquina. Justo cuando estaba a punto de ceder, alguien abrió la puerta con fuerza. En ese instante, las manos me soltaron de golpe, dejándome en el suelo.

- ¡Qué ha pasado aquí!- Exclama Wall, poniéndome de pié.

- Me quedé encerrada...- Contesto yo, limpiándome las lágrimas.

- ¡Qué hacías en el suelo!- Vuelve a exclamar Wall, mirando con el ceño fruncido el oscuro pasillo.

- Eh... Yo... La bombilla se cayó al suelo y se rompió... No veía nada y... Me caí...- Expliqué, haciendo varias pausas.

- Para una vez que no estoy en la puerta y ocurre todo esto... Anda, vamos a tu habitación- Ordenó el guardia, invitándome a salir primero.
Ambos andamos con paso ligero, y de vez en cuando le miro por el rabillo del ojo. Al llegar a la puerta, la vuelve a abrir como antes de la comida, con mucho cuidado. Yo entro con la mirada baja, pero antes de cerrar la puerta, Wall me sujeta del hombro.

- ¿Qué tal tu primera prueba?- Pregunta, mirándome fijamente.

Yo me giro extrañada.

- B-bien...- Contesto yo, tartamudeando, nerviosa y con una sonrisa.

- Me alegro- Dice, afirmando con la cabeza y quitándome la mano del hombro. Al instante cierra la puerta.

Me siento en la cama, mirando al infinito. Es raro que Wall se preocupe por cómo me ha ido la prueba... Que se preocupe por mí. Me pregunto qué es lo que había hecho que se fuera de su puesto de guardia...

16 ago 2016

Difícil de olvidar. Capítulo 3.

Llamé al timbre y mi madre me abrió la puerta, tan preocupada como siempre.

- ¡Víctor! ¡Me tenías muy preocupada!- Me gritó mi madre con el ceño fruncido.

Yo suspiré y me abrí paso para llegar a mi habitación.

- ¡¿Sabes la hora que es?!- Preguntó mi madre, dejándose la voz, desde el salón.

Yo me quedé mirándola, mientras agarraba el pomo de la puerta de mi cuarto.

- La verdad es que no- Respondí mientras abría la puerta.

- ¡Las once, jovencito! ¡Las once!- Volvió a gritar mi madre, señalando y enseñándome el reloj.

- Anda, mira tú qué bien- Dije ya dentro de mi habitación.

- ¿Qué bien? ¡¿Te parece esa forma de hablarle a tu madre?!- Exclamó, indignada.

Me limité a cerrar la puerta y a suspirar. Segundos después me tiré en mi cama y cogí la tablet. Tenía dos mensajes nuevos. Y cómo no, eran de Rodrigo.

- Hey tío, mañana no voy a poder quedar.
- He hecho planes.

Me extrañó bastante, pero creo que sabía por dónde iban los tiros.

- Pero tío, mañana tenemos que entrenar.

Salí de la conversación, y casi al instante recibí un mensaje suyo.

- Lo sé, pero creía que podrías inventarte una excusa para el entrenador...

No me lo podía creer. Escribí tan rápido que parecía que lo que había escrito estaba en otro idioma. Me tomé la molestia de corregirlo y le dí bastante fuerte al botón de enviar.

- ¿Se puede saber con quién has quedado? Si no entrenas, el partido del Lunes te saldrá fatal.

Al segundo recibí otro mensaje suyo.

- He quedado con Marta. Porfa inventa una excusa.

- No me puedo creer que no vayas a entrenar para el partido más importante por una tía.

- Hazme ese favor tío. Por una vez, una chica guapa se fija en mí. Además, yo te he hecho muchos favores mientras te ibas con pibas...

- Bueno... Está bien. Pero es la primera y última vez que le miento al entrenador. Si se entera de que le he mentido nos puede dejar sin jugar.

- ¡Te quiero tío!

- No hay de qué...

 Aunque no se lo hubiera dicho, me molestaba bastante no entrenar con él. No sé por qué pero sentía que con el paso del tiempo me quedaría sin mi mejor amigo.
Tras unos minutos en silencio y con la única compañía de la tranquilidad, llamaron a la puerta de mi cuarto.

- Espero que te hayas arrepentido, jovencito- Dijo mi madre, apoyándose en la puerta, tan indignada como antes.

Yo la miré en silencio. Con la tablet aún en las manos.

- ¿No vas a decir nada? Muy bien, pues te quedas sin móvil, sin tablet, sin...- Advirtió, sin poder acabar la interminable lista de los castigos.

Antes de que acabara le dí un fuerte abrazo.

- Lo siento, mamá- Me disculpé, sin dejar de abrazarla.

- Oh, yo... Nunca cambiarás hijo- Dijo con una sonrisa, mientras me abrazaba también- Vamos a cenar...- Advirtió alejándose hacia la cocina.

- No tengo hambre- Aclaré, parándome en medio del pasillo.

- Bueno pues... Cenaré yo sola...- Dijo mientras colocaba el mantel.

La imagen de mi madre, yendo a cenar sola después de haberme esperado, fue demasiado para mí.

- ¡Espera!- Exclamé, e hice una pausa de unos segundos- Se... Se me ha abierto el apetito-

Mi madre me miró con ojos un poco vidriosos y una sonrisa.

- Bueno pues... Hazme el favor de poner los cubiertos- Ordenó con un hilo de voz.

La muerte de mi padre había dejado una huella enorme en mi madre. Ya no le hacía ilusión nada. Y ahora la entristecía todo lo que antes la hacía más feliz. Tal vez también era culpa mía que estuviera así. Tal vez por eso me sentía bastante culpable. Y aunque ella no se atrevía a decirlo, la entristecía verme. Nunca había sido un hijo ejemplar, ni de lejos. Pero mi padre la ayudaba conmigo. Él hacía lo más duro. Castigarme, regañarme, gritarme... La ayudaba y apoyaba. Pero ahora... ¿Quién iba a controlarme? Debía hacerlo yo. Ella no podía. Aprender a controlarme. Por desgracia no hay instrucciones para ser mejor.

15 ago 2016

Sombras. Capítulo 3.

Julia corrió en dirección izquierda, sin mirar atrás, sujetando la gran espada que le había dado Jack, mientras de las profundidades del bosque, salían cientos de sombras. Todas gritaban, chillaban  lanzaban escalofriantes sonidos que inundaban la tranquilidad de la noche. El grupo exageradamente numeroso de seres se dividió en dos partes que fueron en direcciones distintas. Y aunque la vida de Julia corría peligro, no paraba de preocuparse por la vida del hombre. De pronto salió de entre los árboles una de aquellas criaturas. Ésta, se lanzó al cuello de la chica. Julia ya no tenía fuerzas, pero con las pocas que le quedaban, le cortó la cabeza a aquella sombra. Y no era la única. Seguían saliendo, sin cesar, seres que se tiraban a la cabeza de la chica. Y ésta, con la respiración entre cortada, les rajaba de arriba abajo con aquella espada, que ya estaba manchada de sangre. Corriendo en línea recta no lograría darles esquinazo, por lo tanto, tomó la decisión de perderse entre los árboles.
Las ramas húmedas se clavaban y rasgaban la piel de la joven. Pero nada la impedía el paso para salvar su vida. De la copa de los enormes árboles seguían saliendo esos horribles monstruos, que gritaban con su espeluznante voz, inundando todo el bosque. 
Julia no paraba de mirar por todas partes. Era difícil ver entre la oscuridad y el miedo, corriendo como no había corrido antes. Pero no perdía la esperanza de encontrar su salvación. Un refugio o un lugar seguro para curar sus heridas y pasar la noche. 
Tras unos minutos corriendo entre los árboles, el sonido de agua llegó a los oídos de Julia. Eso sólo podía significar una cosa, un río estaba cerca.
Esa idea agrandó más la esperanza de salvación de la chica, así que corrió con todas sus fuerzas, para llegar al agua lo antes posible.
Allí, se abría entre los árboles un inmenso río. Sin pensárselo dos veces, se lanzó al agua y se sumergió.
Todas las heridas de su piel comenzaron a escocer, pero no era momento de preocuparse por eso. Mientras nadaba hacia la otra orilla, giró la cabeza, comprobando que no la seguían. Y efectivamente, estaban parados al otro lado, mirándola fijamente y segundos después, se marcharon.
Ya en tierra firme, Julia se tumbó en el suelo, con la respiración aún acelerada y la espada en las manos.
Mientras miraba el cielo oscuro, los párpados la empezaron a pesar, sus ojos empezaron a cerrarse. Hasta que al final, quedó en un sueño profundo.

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Despertó sobresaltada. Estaba de nuevo en su sofá de cuero marrón. Estaba totalmente mojada.

- ¿Qué? ¡Estoy empapada! Y... ¡No puede ser! ¡La espada no debería estar aquí!- Exclamó Julia, con la piel pálida.

Corrió a su dormitorio y una vez allí, se miró en el gran espejo de su armario.

- ¡La ropa no debería tenerla aquí!- Exclamó de nuevo Julia, aún más pálida.

En la tranquilidad del piso, un ruido de un vaso cayéndose, rompió el silencio. Eso hizo que Julia corriera hacia la cocina, con la espada en la mano, asustada.
Se asomó por el marco de la puerta sigilosamente. Recorrió toda la cocina con la mirada. No parecía haber nada, todo estaba vacío, completamente. Cuando, de repente, un chillido aterrador apareció en la espalda de la chica, causándole tal susto que atacó con la espada, sin ver de lo que se trataba. El grito era digno de una sombra. Y era evidente, ya que lo que estaba decapitado en su salón se trataba del asqueroso ser.

- ¡Eso sí que no tiene que estar aquí!- Gritó la joven, soltando la espada y con las manos temblorosas. 
No comprendía lo que pasaba, pero de lo que estaba segura es de que ya ningún lugar era un lugar seguro.

14 ago 2016

People don't say. Capítulo 3.

Es una señora elegante, con pelo castaño y algunas arrugas típicas de su edad. Lleva una chaqueta de terciopelo granate, a juego con la falda del mismo color. Una blusa blanca, unas medias transparentes negras y unos zapatos de tacón negros también.
Yo la sigo con paso acelerado por el largo pasillo hasta llegar a la escalera. Ahí, la señora se para y empieza a mirar los papeles que lleva en su enorme carpeta amarilla, mientras murmura algo. Al terminar de rebuscar entre los papeles, comienza a subir los escalones. Lleva una velocidad considerable, a pesar de que lleva tacones. Al final de las escaleras, se ajusta la falda tirando de ella hacia abajo y prosigue andando. En pocos segundos llegamos a la puerta del final del pasillo. Ella saca una llave de la carpeta y la mete en la cerradura del pomo. Abre la puerta y entramos en la habitación. Es una habitación de color blanco, con una enorme ventana en el frente, y persianas marrones. En el centro, hay una mesa de madera con una lamparita y un portátil. Y en ambos lados hay una silla. La señora se sienta al otro lado de la mesa mientras dice.

- Cierra la puerta y toma asiento, querida- Ordena la señora.

Yo, sin decir una palabra, hago lo que me dice. Cierro la puerta sin hacer mucho ruido y me siento en la silla, de cara a la ventana.
La señora enciende el portátil y se pone las gafas. Segundos después, empieza a murmurar.

- Nadia... Nadia... Aquí estás- Dice mientras da clic con el ratón.- Bien, soy la doctora Brownel, Sarah Brownel, encantada de conocerte.

Yo no digo ninguna palabra, me limito a mirarla fijamente.

- Es tu primera prueba, ¿cierto?- Deduce la doctora.

- Sí- Afirmo yo, tajante.

- No quiero que te sientas incómoda, esto es simplemente para ver cómo vas- Aclara Sarah.

- Voy perfectamente- Contesto, sin dejar de mirarla.

- Sé que no te gusta estar aquí- Dice Sarah. Hace una pausa de unos segundos y añade- Pero debemos ayudarte.

- No necesito ayuda- Digo completamente seria.

- Que estés aquí no quiere decir que estés loca, ¿sabes?- Aclara la doctora, mirándome también- Desde que te vi por aquí, me pareciste de lo más interesante. Quise saber más de ti, conocerte. Pero nunca pude hablar contigo, hasta ahora- Añade, inspirada.

- Qué quiere saber- Pregunto yo, sin cambiar la expresión.

- Háblame de tu pasado, de dónde vienes... Cuéntame tu historia, querida- Dice Sarah, con ojos brillantes tras las gafas.

- Es complicado...- Advierto, con la mirada baja.

- El mundo es complicado, Nadia. Empieza- Ordena Sarah, con las manos en el teclado.

- Yo... Soy de Tenessee, Texas. Allí es básicamente donde me crié. Yo iba al colegio, como todos los niños. Nunca... Nunca había tenido muchos amigos. Siempre estaba sola y... Los niños se reían... Los niños son crueles. Llegué al instituto, y... Las cosas no cambiaron. Todo el mundo se metía conmigo y... -Hago una pausa de unos segundos, a continuación, prosigo- Me hacían la vida imposible, metiéndose con mi peso... Me llegaban notas insultándome y amenazándome. Eso... Eso hizo que cayera en la anorexia. Estuve con anorexia hasta tercero de la ESO, ahí, al fin encontré al chico que me hacía sentirme... Bien conmigo misma. Y... Empecé a coger peso de nuevo. Las cosas se fueron a la mierda y él cortó conmigo... Cogí una depresión tan grande que empecé a comer hasta engordar cinco kilos. Días después, el mismo chico empezó a hacerme la vida imposible, como habían hecho años atrás. No tenía suficiente con el acoso que mis padres se divorciaron. Desde ese día, mi padre le hizo la vida imposible a mi madre. La amenazaba de muerte, la seguía... Una vez incluso se metió en nuestra casa para intentar matarla... Eso acabó de destrozarme la vida, y, no quiero causarla miedo ni que piense que estoy chiflada de verdad, pero... Con los años, conocí a más hombres. Hombres con los que me casé y luego me divorcié. El destrozo que hicieron los hombres en mi vida fue tan grande... Que no siento compasión con ninguno de ellos. Yo... Yo les maté y... Desde entonces, me persiguen. Oigo sus voces... Quieren matarme, quieren que me arrepienta de todo. Pero... No, no me arrepiento de nada. Ellos fueron los que me quitaron la infancia y mi propia vida- Explico con los ojos vidriosos y un hilo de voz.

- ¿Cómo acabaste aquí? ¿Te pillaron?- Pregunta, un poco asustada la doctora.

- No... No. Tuve compasión, por una vez, dejé vivir. Pero me traicionó. Os llamó y... Me metieron aquí. No sabes cuánta rabia llevo aquí dentro doctora... No quiero que llame a la policía, ni que se asuste ni... Ni que me vea como una chiflada. Yo... Ni siquiera quiero que me ayude, doctora. Lo único que quiero es salir de aquí porque... Porque aquí voy a acabar volviéndome loca de verdad doctora... Sólo quiero salir- Digo nerviosa, aún con ojos vidriosos.

- Necesito... Recapacitar sobre lo que me has contado y... Vaya, no me equivocaba al pensar que tenías una historia interesante... Eh... Puedes irte querida...- Dice Sarah, quitándose las gafas y cerrando el portátil.

- Gracias... Creo... Creo que necesitaba soltarlo todo...- Hago una pausa de unos segundos y prosigo- Por favor, no llame a la policía ni... Ni me vea como a una loca. Sólo hice eso porque...

- No hace falta que me des explicaciones, Nadia. No tienes la culpa de que la gente sea cruel, descuida- Dice la doctora, con una sonrisa cálida.

- Muchísimas gracias de verdad- Agradezco limpiándome las lágrimas y levantándome de la silla.

Acto seguido, salgo por la puerta y la cierro, de nuevo, intentando no hacer ruido.




13 ago 2016

Pople don't say. Capítulo 2

Voy a paso ligero por el largo pasillo. Después de esa conversación, sí que me ha entrado hambre.
Las dos puertas marrones están frente a mí. (Qué mierda habrá esta vez...) Las abro, con la mano derecha en la puerta derecha, al igual que con la mano izquierda en la puerta izquierda.
Ahí están todos, haciendo ese ruido abrumador que te da dolor de cabeza. Cada persona habla de lo que se le viene a la mente. Eso es lo bueno al estar un poco loco, no te preocupas por lo que pensarán los demás de tu comentario. Lo dices y ya está.

- ¡Nadia, siéntate aquí!- Gritó Diana desde la otra punta del comedor.

Yo me limito a sonreír y a dirigirme hacia ella. Cuando ya me encuentro allí, Diana se levanta de un salto y me da un abrazo tan fuerte que no puedo respirar.
Ella es una mujer de unos cincuenta años. Es una mujer alegre y muy divertida. También es muy sincera, eso a veces es un problema. En guardar secretos no es la mejor, pero me da pena ver cómo tratan de locos a las personas espontáneas y divertidas, cuando todos deberíamos ser así.

- ¡Cuánto tiempo, amiga mía!- Exclama Diana, sin bajar el tono.

- ¡Pero si nos vimos ayer!- Exclamo yo, soltando una carcajada.

- ¿Sí? ¡Cómo pasa el tiempo!- Dice Diana, riéndose fuertemente.

- ¡La verdad es que sí!- Digo yo, riéndome también.

- Te he cogido la comida- Explica mi amiga, sentándose de nuevo en la mesa.

- Pero... - Digo yo, sin que me dejase acabar la frase.

- Sabía que vendrías a comer, y no quería que gastases fuerzas yendo a coger una bandeja y aguantando esa cola, para luego tener que aguantar a Mina. Esa tía es un horror. Siempre lo he dicho, ¡y siempre lo diré! No cambiará nunca, esa tía no sabe cómo tratar a la gente. Cree que ella es la mejor, anda que... Y luego encima nos da esta asquerosa comida, ¡quiere ganarse la vida haciendo imposible la de los demás! El día que pueda le voy a...-Se queja Diana.

- Gracias de verdad. Y coincido contigo, esa tía es más asquerosa que la comida- La corto yo, riéndome a carcajadas.

- Exacto, querida- Aclara Diana, riéndose también- ¿Te han hecho pruebas?- Añade.

- No, y dudo mucho que me las hagan. ¿Y a ti?- Pregunto yo, borrando la sonrisa.

- ¡Ya van cuatro esta semana! Y lo mejor de todo es que dicen que no avanzo nada. Pero al menos yo no tengo peligro de acabar... Ya sabes... No como el pobre Max. Pobre chico... Es demasiado joven para tantas pruebas. Lo único que hacen es empeorarlo, ¿no crees?- Pregunta Diana, indignada.

- Coincido totalmente contigo. Él no se merece esto- Contesto yo, también bastante indignada.

- Todos los pacientes,  acudan a sus habitaciones de inmediato- Gritan por los altavoces del comedor.

- Ya nos están metiendo prisa... En fin, me ha gustado volver a hablar contigo, querida. Nos vemos- Se despide Diana mientras me da uno de sus fuertes abrazos.

- Lo mismo digo- Me despido yo.

Ando deprisa hacia mi habitación. Me apetece estar un rato con mis pensamientos.

El pasillo parece interminable, y veo cómo la gente se va hablando de sus cosas sin prisa ninguna. Hasta que al fin, llego a la puerta de mi habitación. El guardia sigue ahí, mirándome con mala cara. Yo también le miro mal, pero mi expresión cambia cuando oigo lo que me dice.

- Dentro de unos minutos vendrán para hacerte una prueba- Advirtió Wall con el ceño tan fruncido como siempre.

- ¿Qué? ¿Y eso por qué?- Pregunto yo, molesta.

- Yo te digo de lo que me informaron. Las dudas se las preguntas a ellos- Aclaró Wall.

Yo  no digo nada más, me limito a esperar a que me abra la puerta. Con un suspiro, el guardia abre la puerta y, casi al instante de entrar yo, la cierra de un portazo.
Me siento en la silla de madera que está cara a la pared. Me gusta pensar mirando a la pared porque no tengo con lo que distraerme. Sólo están las grietas de pintura en la pared blanca.
Pasan los minutos y unos cuchicheos se oyen de repente. Yo me giro, como de costumbre, no hay nadie. Solo estoy yo, aunque los cuchicheos siguen.

- ¿Queréis parar ya?- Pregunto yo, aún de cara a la pared.

Los cuchicheos y susurros siguen, sin intención de parar. Cada vez se oyen más alto.

- ¡Que paréis!- Exclamo, muy molesta.

Los ruidos siguen sin parar, y esta vez los oigo en mi oído. Yo me levanto y giro la silla, esta vez el respaldo está en la pared.

- No me arrepiento, ¡no me arrepiento!- Exclamo yo, con la respiración acelerada.

Los ruidos siguen, pero esta vez son gritos y chillidos en mi oreja.

- ¡Dejadme en paz! ¡No me arrepiento de nada! ¡Dejadme! ¡Dejadme!- Grito yo, tapándome los oídos.
De repente, los gritos paran. Y mi respiración vuelve a ser normal. Ahora el silencio pesa en el ambiente. En la calma más absoluta, un tirón de pelo me hace caer al suelo.

- No podéis conmigo... ¡Estáis muer...!- Exclamé yo, sin poder acabar la frase. Estaba en el suelo cuando de pronto, abrieron la puerta.

- ¿Nadia Kwimbell?- Preguntó una señora de mediana edad.

- Soy yo- Contesto mientras me levanto del suelo.

- Acompáñeme- Ordenó la señora mientras salía de la habitación.

Yo la sigo, sin dejar de mirar mi habitación completamente vacía, viendo cómo me alejaba de ella.

12 ago 2016

Difícil de olvidar. Capítulo 2.

Ambos nos sentamos en el banco, junto a aquellas chicas. Ellas seguían a su rollo, hablando, escuchando música, haciéndose fotos... Lo que suelen hacer unas chicas de catorce o quince años. Nosotros también estábamos a nuestra bola, pero Rodrigo no podía evitar mirarlas de reojo a cada rato. Así estuvimos unos minutos, hasta que las chicas decidieron irse del banco. Ese fue el momento en el que Rodrigo decidió actuar.

- Hey, ¿cómo os llamáis?- Preguntó amablemente mi amigo.

La chica morena y con gafas se giró y agarró a su amiga del brazo, deteniéndola y obligándola a darse la vuelta hacia nosotros.

- Yo me llamo Marta, y esta de aquí es Rocío, ¿vosotros cómo os llamáis?- Dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

- Yo soy Rodrigo, y este se llama Víctor- Contestó Rodrigo, con tono pasota.

- Hey- Saludé yo, con la mirada baja.

- Qué hay...- Saludó Rocío, también con la mirada baja.

- No la hagáis caso. Es un poco tímida. Pero cuando la conoces es muy buena gente- Aclaró Marta sin quitar la sonrisa.

- Buah, lo mismo digo. Lo que pasa es que cuando conoces a este, sigue siendo un mierdas- Aclaró también Rodrigo, con tono de burla.

Yo le pegué un puñetazo en el hombro. Lo que se dice un "calmante". No pude evitar soltar una leve carcajada, a modo de burla también.

- Y agresivo, es muy agresivo- Añadió nervioso y dolorido mi amigo.

- No soy agresivo. El problema es que es verte esa cara y me dan ganas de pegarte- Dije yo, con tono relajado.

- Estas más que muerto- Amenazó Rodrigo, cogiendo el balón.

- Chicos, siento tener que interrumpir vuestra pelea pero nosotras nos tenemos que ir ya así que...- Advirtió Marta haciendo una mueca.

- ¡Esperad! No nos habéis dado vuestros números. Así quedamos algún día si queréis y... Bueno- Exclamó Rodrigo, nervioso.

- ¡Es verdad! Aquí tienes el mío- Dijo Marta, sacando el móvil de uno de sus bolsillos. Acto seguido empezó a decir números mientras Rodrigo lo apuntaba en su móvil.

- Ya te tengo- Afirmó mi amigo con una sonrisa.

- Roci, ¿no les piensas dar el tuyo?- Preguntó indignada Marta.

- Em... Creo que... - Contestó Rocío, sin acabar la frase.

- Venga Roci, dánoslo. Somos buenos chavales- Le rogó Rodrigo a la chica.

- Venga va- Dijo Rocío mientras sacaba su móvil del bolsillo. Una vez más, la chica decía números mientras mi amigo los apuntaba en su móvil.

- Ya te tengo a ti también. Ya te los pasaré tío... Si eso...- Se burló Rodrigo.

- Bueno, nosotras nos vamos ¡Adiós!- Se despidió Marta mientras se agarraba del brazo de Rocío.

Nosotros nos despedimos con la mano mientras se iban alejando.

- Flipa, he conseguido sus números tío. Y tú no querías venir...- Dijo ilusionado mi amigo.

- No están mal... - Dije con aire despreocupado.

- ¿Que no están mal? ¡Estaban muy buenas tío! Sobre todo la morena- Comentó Rodrigo.

- Pues a mi me gusta más Rocío- Afirmé.

- Sí bueno... Es demasiado tímida. A mi me molan las chicas sin timidez- Aclaró Rodrigo.

- Tenemos gustos muy diferentes tío. Tampoco eran nada del otro mundo...- Dije yo.

- Tú tienes fiebre o algo chaval - Se burló mi amigo. Acto seguido miró su reloj y añadió- Me tengo que ir ya. Que voy a llegar tarde ¡Hasta luego tío!- Segundos después salió corriendo y yo me quedé viendo cómo se alejaba.

La verdad es que era bastante raro. Normalmente era yo el que decía comentarios del tipo "Pues está muy buena", pero esa chica... Me hace sentir diferente. Su timidez... Es algo que nunca me ha gustado en las chicas. Pero en ella... En ella creo que me gusta. Y es tan guapa... Durante la charla de Rodrigo y Marta, hubo unos segundos en los que mi mirada y la de la pelirroja, coincidieron.




Sombras. Capítulo 2

Ya llevaban andando unos minutos. Todo estaba desierto, el silencio reinaba entre ellos. Era un silencio incómodo, de esos que pesan en el ambiente. Solo estaban acompañados del sonido de los pasos acelerados de Jack, y los pasos un poco más calmados de Julia.
Al fin, la chica decidió romper el hielo.

- ¿Llegaremos antes de que anochezca?- Preguntó Julia, con la respiración acelerada.

- Por qué lo preguntas.- Respondió tajante Jack.

- Porque es lógico que si se hace de noche será más difícil localizar a las sombras.- Contestó Julia, totalmente seria.

- No me preocupa.- Respondió Jack, tan tajante como antes.

- Ya, pues a mí sí. Así no podremos encontrar a Stela.- Dijo Julia, preocupada.

Segundos después, Jack se paró bruscamente, haciendo que Julia se parase también casi al instante.

- ¿Por qué te paras?- Preguntó Julia, bastante extrañada.

- Silencio.- Ordenó Jack, con un hilo de voz y sin mover ni un músculo.

- ¿Qué? ¿Por qu...?- Dijo Julia, sin acabar la pregunta.

Unos gritos, o más bien chillidos escalofriantes, retumbaron en el valle de verde hierba. No se sabría explicar con exactitud cómo eran, pero el ser que lo emitía, no debía ser ni un humano, ni un animal. Tenía que tratarse de una sombra.
Las sombras son seres oscuros, parecidos a los muertos vivientes. Pero con la diferencia de que las sombras nunca han estado vivas.

- Sólo hay una. No hay peligro.- Dijo Julia, también con un hilo de voz y sin moverse.

- Las sombras siempre van juntas. Es imposible que esté sola.- Aclaró Jack, con el ceño fruncido.

- Pero, ¿dónde está?- Preguntó la chica, nerviosa.

- Donde más oscuridad hay. En el bosque.- Respondió Jack, sin dejar de fruncir el ceño.- Tenemos que andarnos con mucho ojo. No bajes nunca la guardia.

- Sé lo que hay que hacer. Por si lo has olvidado, yo también soy soldado.- Dijo Julia, un tanto molesta.

- Un soldado nunca se va.- Le reprochó el hombre.

- Un soldado apoya a sus compañeros, en todas las decisiones que tomen.- Le reprochó también la chica.

- Un soldado es leal a su poblado.- Dijo Jack, subiendo un poco el tono.

- Un soldado no le tiene rencor a sus compañeros.- Dijo Julia, subiendo también el tono de voz.

- ¡Un soldado siempre está ahí para defender a su pueblo!- Gritó Jack, girándose hacia Julia.

- ¡Un soldado también debe saber ser un buen amigo!- Gritó Julia, mirándole a los ojos.

De nuevo, un chillido se oyó en la espesura del bosque. Esta vez, no era uno sólo y se oía más cerca. Ambos se quedaron petrificados, oyendo la cantidad de pasos y chillidos que se acercaban a ellos.

- Cuando diga que corras, tu te irás a la izquierda. No mires atrás. Encuentra un lugar seguro y nos vemos en el centro del bosque cuando salga el sol.- Explicó Jack, con la respiración acelerada, sin dejar de mirar a la negrura del bosque y dándole a Julia una pesada espada.

- Pero y... - Comentó Julia, sin poder acabar la frase.

Entonces se hizo el silencio. Ya no se oían ni pasos ni chillidos. Ni siquiera un minúsculo insecto.
De repente se oyó el sonido de una rama rompiéndose. Y segundos después, el silencio se desvaneció.

- ¡Corre!- Gritó Jack empujando a Julia hacia el lado izquierdo. Acto seguido, salió corriendo hacia el lado derecho. Desapareciendo en la negrura de la noche.


11 ago 2016

People don´t say. Capítulo 1

Ha pasado un año. Un año y cinco días, para ser exactos. Y yo sigo encerrada aquí. Todo por culpa de ese capullo. Tendría que haberme desecho de él cuando tuve la oportunidad. Tenía que haberle matado cuando estaba en el suelo. Pero no... No soy capaz de matar a personas que tienen el alma tan sucia. Luego su alma te persigue, y no te deja escapar. Quieren que les des tu vida, para compensar haberles quitado la suya. Son muchas las personas que hoy me quieren muerta. Y es demasiada la oscuridad que rodea esta habitación...

- Paciente 305, es la hora de la comida.- Gritan a través del hueco de la puerta.

Yo simplemente me quedo en silencio. No tengo hambre. Pero la próxima comida es dentro de cinco horas. A lo mejor luego tengo demasiada hambre. Me van a obligar a comer de todos modos...

- Repito. Paciente 305, salga a comer.- Vuelven a gritar en el hueco de la puerta.

No hay más opción. Me levanto y me quedo frente a la puerta. Unos segundos después la abren con cuidado.

- ¿Por qué tanto cuidado? No soy peligrosa, inútil.- Digo totalmente seria. La gente me trata como si estuviera loca de verdad, cuando a lo mejor ellos son los locos por creer que estoy chiflada.

- Váyase a comer, ahora.- Me ordena el guardia, con el ceño fruncido.

- Ya, el problema es que no tengo hambre.- Digo yo, con el ceño más fruncido aún.

- ¿Ves que me importe? No me obligue a llevarla a la fuerza.- Y dicho eso, saca la pistola eléctrica de uno de los bolsillos de su mono azulón.

- Cada vez odio más este sitio.- Digo después de un leve suspiro. Segundos después, doy media vuelta y camino a lo largo del pasillo gris.

Muchas veces he soñado con salir de aquí. Con cómo seguiría mi vida. Si aún querrán vengarse... No me preocupa nada. A decir verdad, no le temo a nada. Yo he matado, a muchas personas. De maneras horribles. Sí, es verdad. Y a pesar de eso, vivo con la conciencia tranquila. En esta vida hay que tener mucha sangre fría. Pero es culpa de la gente. Todos me traicionan. Y por una de esas traiciones estoy aquí metida.
Pero creo que hice lo correcto. No quiero tener a un alma más persiguiéndome por el psiquiátrico.

- ¡Nadia!- Oigo que gritan detrás de mí.

Me giro, buscando a la persona que ha gritado eso.

- ¡Max!- Exclamo con los brazos abiertos.

Max es uno de mis amigos del psiquiátrico. Él es una de las personas más fieles y leales que he conocido. Siempre le están haciendo pruebas y casi nunca está en su habitación. Me da bastante pena. No sé si intentan ayudarle, pero cada vez está peor. Y todas esas pruebas no sirven para nada. Parece que no avanza. Siempre que sale del laboratorio sale con menos memoria y más raro... Todos los médicos dicen que si no encuentran algo para mejorarlo, muy pronto nos dejará. Pero él no pierde la esperanza de poder salvarse.

Max corre hacia mí, también con los brazos abiertos. Hasta que acabamos en un fuerte abrazo.

- ¿Qué tal las pruebas?- Pregunto con una sonrisa.

- ¡Muy igual que siempre!- Contesta con una sonrisa más grande que la mía.

- ¿Has hecho avances?- Vuelvo a preguntar sin quitar la sonrisa.

- ¡Me han dado una manzana!- Exclama Max.

- ¡Oh, qué bien! Me alegro muchísimo de volverte a ver, Max.- Digo volviendo a darle un abrazo.

- ¿Max? ¿No?- Pregunta, asustado.

- Claro, Max eres tú.- Contesto alborotándole el pelo.

- ¡No! ¡Max yo, sí!- Exclama, riéndose a carcajadas.

- ¿Qué prueba te han hecho hoy, Max?- Pregunto con un tono pacífico.

- ¡Mucho tiempo sin verte!- Exclama a la vez que me da un fuerte abrazo.

- Lo sé Max, hace mucho que no nos vemos.- Afirmo, mientras yo también le doy un abrazo.

- ¡Médicos dicen que me voy!- Exclama de nuevo, con una sonrisa de oreja a oreja.

- ¿Te vas? ¿Cómo que te vas?- Pregunto, atónita.

- ¡Tengo hambre! ¡A comer!- Y dicho eso, Max se va corriendo por el pasillo gris hacia el comedor.

Yo no le paro de dar vueltas a lo que me ha dicho Max. No puede irse. No puede ser cierto. Está fatal. No le han ayudado en nada ¡No le pueden echar con su familia o lo que tenga! No pueden... Tengo que hablar con la doctora. Tiene que aclararme esto.

Difícil de olvidar. Capítulo 1

Iba preciosa con su sudadera negra. Su precioso pelo largo y pelirrojo. Con sus superstars nuevas que tanta ilusión le habían hecho. Y sobre todo sus enormes ojos color verde, los mismos que no podía evitar mirar a todas horas. Recuerdo ese día, cuando la conocí. Yo no estaba hecho para el amor, era el típico chico que todos creían que iba de flor en flor. Un rompe-corazones. La verdad es que tenían motivos para creerlo. Pero, ese día, el día en que la vi... No quise estar con nadie más.

- ¡Eh, parguela, pasa el balón!- Me gritó Rodrigo desde la otra punta del campo.

- ¡Ven a por él, que eres un mierdas!- Contesté yo, con tono de burla.

- ¡Vas a lamentar haber nacido, parguel!- Siguió gritando Rodrigo, corriendo hacia mí.

- ¿Sí? ¡Atrévete, y te meto!- Grité yo, amenazante.

- ¡Tú no metes ni un gol, porque eres un manta!- Gritó mi amigo, ya delante mía y riéndose.

- ¡Ríete de esto, pringao!- Acto seguido le tiré el balón y le dí en la cabeza.

Del golpe, mi amigo cayó al suelo, aún riéndose.

- Tienes suerte de que el entrenador me haya dejao seco. Si no, te partía la cara, eh.- Dijo Rodrigo, aún recuperando el aliento.

- Claro, claro... ¡Qué excusa más mala, chaval!- Y me tiré junto a él, riéndome también.

- ¿Excusa? ¡Pero si eres un débil! Contigo puede hasta mi hermana pequeña.- Se burló Rodrigo.

- ¿Sí? ¿Quieres comprobar si soy un débil, eh, mierda seca?- Dije, enderezándome.

- ¡Te he dicho que estoy cansao, moti!- Respondió, enderezándose también.

- Que pares ya con la excusa, tío. No cuela.- Me burlé.

- ¡Te voy a meter tal guantazo...!- No pudo acabar la frase. Se quedó petrificado al darse la vuelta hacia un banco.

- Tío, ¿qué haces?- Pregunté extrañado, mirando también aquél banco.

- ¿Enserio me lo preguntas?- Dijo, sin apartar la mirada.

- Pues sí. Es que pareces retrasado tío.- Respondí, soltando una pequeña carcajada.

- ¿Tú estas mal? ¡Hay unos pivones sentados justo delante de nosotros!- Exclamó, girándose hacia mí, indignado.

- ¿Esas chicas? Sí, bueno...- Dije con un tono tranquilo mientras me volvía a tumbar en la hierba.

- A veces pienso que eres retrasado. ¿Te vas a quedar ahí tumbado en vez de hablar con ellas?- Preguntó, más indignado aún.

- Pues... Eso creo.- Afirmé. Acto seguido, me acomodé aún más en el suelo.

- ¡Pero a ti qué te pasa! No me seas imbécil, tío. Vamos a conocerlas.- Ordenó Rodrigo. Me cogió del brazo y me arrastró con él.

Rodrigo siempre había ido detrás de las chicas. Desde que le conozco. El problema es que las chicas... Bueno, digamos que no es su prototipo de chico.
Había dos chicas. Una con el pelo castaño, ojos azules y bastante delgada. Llevaba gafas gruesas y negras, no le quedaban nada mal, he de admitirlo. Sin embargo la otra, era pelirroja con el pelo largo, ojos verdes y un poco menos flaca que la otra.
La verdad es que me llamaba la atención. Era bastante guapa y... Bueno, estaba bastante buena. Eso también debo admitirlo. Había tenido una actitud pasota ante mi amigo, (actitud que nunca tengo ante las chicas.) Pero esta vez era diferente... Quería conocerla, y muy bien. Pero creo que ella era la única chica con la que me daba vergüenza hablar...

10 ago 2016

Aviso

Haré varias historias de diferentes géneros para que cada uno escoja el que quiere leer. Por lo tanto, cada día escribiré, al menos, dos capítulos. Ya sea de la misma historia o ir mezclando. Ya sabréis que si os gusta una serie debéis apoyarla en los comentarios o escribir la critica de esa historia. Y si os gusta y queréis más capítulos, siempre podéis darle a la etiqueta que está siempre abajo de cada publicación. Ahí estará el nombre de la historia y podréis ver los capítulos que os gusten. O si queréis ir mezclando capítulos de series distintas, abrir el menú que está a mano derecha. Todo ordenado por orden de publicación. Más adelante haré un horario poniendo los días de la semana y las horas a las que voy a subir un capítulo. Así estaréis informados de todo. Pero eso será cuando haga más historias y vea que reciben a poyo. Así que, ya sabéis, opinad o escribid vuestra critica en los comentarios. Dicho esto, me despido. Nos vemos!

9 ago 2016

Sombras. Capítulo 1

Julia se tiró en el sofá. Había tenido un día duro, muy duro. Se quedó en silencio, mirando el techo y respirando lentamente. En el silencio abrumador del piso, sonó la campana. Rápidamente se enderezó y casi al instante, se levantó de un brinco. Abrió la cremallera dorada de su bolso beige y empezó a rebuscar. Sacó una cajita amarilla y metálica, entonces sacó de ella dos pastillas pequeñas y blancas. Sin pensárselo dos veces se las metió en la boca y se las tragó de inmediato. Se acarició la tripa con delicadeza mientras miraba por unos segundos al infinito. Después guardó las pastillas de nuevo en el bolso y se tumbó en el sofá. Empezó a respirar lentamente de nuevo, pero esta vez más fuerte. Cerró los ojos. Otra vez, el silencio era abrumador en el piso.
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- ¡Julia, despierta!- Gritó Jack.

- ¿Por qué estás tan sobresaltado?- Preguntó Julia incorporándose en su cama desecha.

- Son las sombras... Han vuelto a venir.- Dijo Jack con tono desesperado.

- ¿Cómo? Habíamos acabado con ellas.- Dijo Julia alzando la voz.

- Eso creíamos. Pero ahora todos han entrado en pánico y...- Aclaró Jack, pero sin acabar la frase entera.

- ¿Dónde están todos?- Comentó Julia.

- ... Se han ido.- El hombre bajó la vista.

- ¿¡Qué!? No puede ser... ¡A dónde se han ido!- Gritó Julia, a punto de que se le saliera el corazón.

- No tengo idea de adónde han podido ir. De lo único que estoy seguro es de que están a salvo. Han podido huir todos. Bueno... Casi todos...- El hombre bajó la mirada de nuevo.

- ¿Casi todos?- Preguntó la chica extrañada y nerviosa al mismo tiempo.

- Por desgracia... Las sombras se han llevado a Stela...- Jack soltó un suspiro.

- No... No puede estar pasando...- Dijo Julia con la mano en el pecho, nerviosa.

- Lo siento...- El hombre la miró a los ojos, entristecido.

- ¡Jack, tu trabajo era protegerla! ¡Si la hacen algo yo...!- Gritó Julia, sin acabar la frase.

- ¿Crees que no estoy preocupado? Pueden echarme de la guardia.- Jack alzó la voz.

- ¡Tú siempre preocupándote del puesto de soldado! ¡Eso es lo único que te importa! ¡A ti no te importa una mierda si ella puede estar muerta ahora o no! ¡Sólo te importa ese estúpido cargo!- Chilló la chica con rabia en los ojos.

- No, ¡No! ¡Estoy tan preocupado por ella como tú! ¡Pero a diferencia de ti, yo tengo algo con lo que ganarme la vida aquí! ¿Has ayudado tú en algo para protegerla? ¡No has hecho absolutamente nada!- Jack abrió más los ojos, también con rabia en ellos.

- ¡Yo estoy ganándome la vida en el mundo real! ¡No puedo trabajar y pelear al mismo tiempo! ¡No puedo estar aquí siempre!- Gritó enfadada Julia.

- ¡Podías haber pensado eso antes de irte! ¡Te marchaste, traicionaste a todo tu poblado!- Le reprochó Jack, tocando el escudo de su camiseta.

- ¡Sabes muy bien que  no me gusta que saques ese tema!- Le cortó Julia, con ojos llorosos.

- ¡No, no lo sé! ¡Ya no sé nada de tu vida!- Dijo serio y furioso el hombre.

- ¿Eso es lo que piensas? Creía... ¡Creía que me apoyabas! ¡Soy feliz allí, Jack! ¡Me dijiste que lo que querías es que fuera feliz! ¡Pero no eres capaz de dejar de pensar en ti y pensar en el bien de los demás!- Gritó la chica, que ya había estallado en lágrimas.

- ¡Te echo de menos Julia! ¡Y lo que me duele es que yo creía que tu sentías lo mismo, pero me dí cuenta de que no querías estar conmigo!- El hombre bajó un poco el tono, pero aún seguía gritando.

Julia le miraba con ojos vidriosos y con la mano en el pecho.

- ¡Yo lo intentaba! ¡Intentaba acercarme a ti! ¡Y ese mismo día que yo intenté declararme... Te fuiste! ¡Me abandonaste... Me dejaste aquí, sin ningún adiós!- Dijo rabioso esta vez.

- Lo...- Intentó decir Julia, recuperando la voz.

- No quiero que lo sientas, Julia. Solo... quiero...- Jack hizo una pausa de unos segundos. Después, prosiguió- ¿Sabes qué? Da igual. Perdona por haberme puesto así. No hago más que cagarla... Supongo que el tema de Stela me tiene trastornado. No he podido salvarla y ahora... Dios sabe lo que la estarán haciendo. Así que creo que debemos ir ya en busca de las sombras. Antes de que sea tarde....

- ... De acuerdo.

Jack se dio media vuelta y andó con paso acelerado, mientras Julia quedó mirando al infinito y respirando un tanto acelerada. Segundos después, salió de la pequeña casa en la que estaban y ambos pusieron rumbo al bosque. En busca de las sombras, con la esperanza de encontrar a la pequeña Stela. Y de ser posible... Con vida.


Hasta aquí dejo el primer capítulo de esta historia. No tengo pensado cuántos capítulos haré, pero quiero que pongáis en los comentarios si os gusta el comienzo y queréis que siga o que no haga más capítulos y la dé por terminada. Ya sabéis que vuestra opinión es importante en este blog porque cada persona tiene un gusto diferente, y, aunque sea complicado, quiero adaptarme al gusto de todos los lectores. Así que por favor, comentad sobre el comienzo de esta historia porque vuestra opinión me importa muchísimo. Dicho esto... Hasta la próxima!

Presentación

Hola a todos. Mi nombre es Mrs.Read, y he decidido crear un blog para todos aquellos a los que les gusta leer. Siempre he pensado que un libro te puede llevar a lugares inesperados. Puedes vivir una aventura, o pasar un poco de miedo... Todo sin moverte del sillón. No pretendo hacer que a todo el mundo le gusten los libros, solo quiero que la gente que lea mis historias, pase un buen rato, suspense, o que viva una aventura. Para eso se hicieron los libros, para pasar un rato divertido. Espero que os guste y bueno, siempre me podéis poner vuestras criticas en los comentarios.
Ya me conoceréis un poco a medida que vayáis leyendo mi blog. Pero también espero poder conocer un poco vuestros gustos a la hora de leer. Os animo a poner en los comentarios vuestros géneros favoritos de literatura. Espero que os gusten mis historias y... Nos vemos.